martes, 9 de noviembre de 2010

¿Podemos hablar de prevención en la Fibromialgia?

¿se puede hablar de prevención?

Hablar de atención primaria de la salud en relación a la Fibromialgia no es nada sencillo, pues actualmente no se conoce a ciencia cierta el origen de este padecimiento, aunque existen factores que podrían jugar un papel importante en la aparición de la enfermedad:

Trauma físico y emocional

Algunas evidencias sugieren que los pacientes con fibromialgia presentan respuestas anormales de transmisión del dolor

Trastornos del sueño (no se termina de definir si son realmente un síntoma del síndrome o una causa del mismo)

Cambios en el metabolismo musculoesquelético, posiblemente generados por la disminución del flujo sanguíneo, que podría causar fatiga crónica y debilidad

Existencia de un trastorno de la percepción, transmisión y modulación del estímulo doloroso, cuyo origen se encuentra a nivel del sistema nervioso central, que se manifiesta con descenso del umbral del dolor y mala adaptación al ejercicio físico aeróbico

Hay teorías del origen de la fibromialgia que han sugerido que un agente infeccioso, como por ejemplo un virus, desencadena la enfermedad, pero hasta el momento no se ha identificado ningún virus ni microorganismo específico.

Algunos científicos creen que el origen de la fibromialgia puede ser genético. Los genes pueden hacer que una persona tenga una fuerte reacción de dolor ante cosas que otras personas no consideran dolorosas.

También, estudios piloto han demostrado una posible tendencia hereditaria aunque la evidencia es muy preliminar.

No obstante, como bien sabemos, aunque ya esté instalado el síndrome, podemos hablar de prevención cuando hacemos referencia a la realización de acciones que colaboren en la mejora de los síntomas y/o aparición de otros y/o variación de su intensidad. Por este motivo, en este caso, a pesar de que no se pueda hablar de una prevención para la aparición de la fibromialgia, sí hay algunas sugerencias para garantizar una mejor calidad de vida a estos pacientes, pues el estrés y la falta de sueño son factores que agravan la sintomatología presentada.


Algunos de los factores preventivos en este sentido son:

Horas suficientes de descanso

Ejercicio

Los cuidados personales son un factor fundamental en el control o agravamiento de los síntomas. Uno de los mejores cuidados en este orden es el ejercicio (de estiramiento, actividades suaves de bajo impacto tales como caminar, nadar o montar en bicicleta). Considerar que el ejercicio también puede empeorar la sintomatología, por lo tanto, hay que realizar una rutina de aumento progresivo (al comienzo se puede sentir sensibilidad, pero nunca un dolor agudo, pues esto sería síntoma de un trabajo en exceso de los músculos trabajados) y regular, que disminuirá los dolores y –en algunos casos- hasta puede llegar a eliminarlos.

Buena alimentación

Una alimentación saludable ayuda a mantener músculos, tendones y articulaciones sanas. Consumir alimentos ricos en proteínas; no saltear comidas y repartir la ingesta diaria en seis comidas; comer en un ambiente relajado; consumir cinco raciones de frutas y verduras; preferible optar por carnes blancas, pescados, evitando el consumo de carnes rojas y muy grasas; cocinar los alimentos al horno, plancha, vapor o hervido y limitar frituras, rebozados, empanados, etc.; reducir el aporte de caramelos, pasteles, azúcar de mesa, bebidas azucaradas, y aumentar el consumo de azúcares presentes en cereales y legumbres; mantener el peso adecuado.

Manejo de situaciones de estrés

Factores psicológicos (personales y sociales) positivos

Es muy importante para la mejora en la calidad de vida del paciente, todo el apoyo emocional brindado por la familia y los círculos más cercanos, ya que la contención afectiva juega un rol fundamental a la hora de evitar problemas de autoestima y para aliviar los síntomas inquietantes.

También podemos hablar de prevención en la detección de puntos articulares sensibles, pues una atención temprana de los mismos podría evitar la cronicidad del dolor.

Sólo se puede hablar de prevención previa al diagnóstico del síndrome en caso de personas que tengan un parentesco sanguíneo con pacientes fibromiálgicos, en todos estos aspectos, fundamentalmente psicológicos, debido a la predisposición aparente de los mismos a desencadenar el síndrome.



¿Tenés idea qué es la FIBROMIALGIA?

Fibromialgia, ¿qué es?

La Fibromialgia es un síndrome (conjunto de signos y síntomas) de padecimiento frecuente que afectan sobre todo al aparato locomotor, y se caracteriza por dolor generalizado, rigidez y fatiga y se origina en las articulaciones, los músculos, los tendones y otros tejidos blandos. Si bien no produce degeneración ósea o muscular, impide mantener la calidad de vida adecuada, provocando así trastornos depresivos.

En los pacientes que presentan este síndrome se encuentran múltiples puntos sensibles a la presión y en zonas musculares específicas. A veces los pacientes expresan que el dolor parte de las articulaciones, pero en realidad no se presenta inflamación como en la artritis, por lo tanto, no es una enfermedad articular (puede haber algo de fatiga de músculos debido al dolor, pero generalmente no hay pérdida de masa muscular).

No es un síndrome de fácil diagnóstico, dado que en la mayoría de los casos, los estudios que se realizan, no aportan datos esclarecedores acerca de los síntomas que la persona presenta.


¿cómo se diagnostica?

No hay pruebas objetivas para la evaluación de la fibromialgia y los criterios actuales para el diagnóstico (atención secundaria) exigen la presencia de dolor generalizado crónico (localizado por encima y por debajo de la cintura y que afecta tanto a la parte derecha como a la izquierda del tronco por más de tres meses), en combinación con molestia dérmica a la presión en 11 ó más de los 18 puntos típicos.

El diagnóstico se realiza por la historia clínica y fundamentalmente a través del examen físico. El principal síntoma es el dolor generalizado con puntos de sensibilidad definidos (estas áreas tienen una apariencia normal sin enrojecimiento marcado, ni inflamación o anormalidades físicas, aparte de sensibilidad marcada), aunque pueden sumarse otros síntomas como falta de energía, alteraciones del sueño, distintos grados de disfunción cognitiva, ansiedad y depresión, cefaleas tensionales, migrañas, colon irritable, vejiga irritable, síndrome de tensión premenstrual, intolerancia al frío, síndrome de las piernas inquietas, hormigueos y trastornos circulatorios en las manos, dolor en las articulaciones temporo-mandibulares (generalmente asociado a bruxismo), alteraciones de la glándula tiroides, sequedad de mucosas, hiperlaxitud articular, prolapso valvular mitral, pánico, etc.



El dolor de la fibromialgia en el tejido blando se describe como profundo, que se irradia, torturante, punzante o urente y varía de leve a severo. Las personas afectadas por el síndrome tienden a despertarse debido a los dolores y la rigidez del cuerpo.

Para algunos pacientes con fibromialgia, el dolor disminuye durante el día y aumenta nuevamente en las horas de la noche, aunque muchos de ellos presentan dolor implacable durante todo el día. Puede aumentar con la actividad, el frío, el clima húmedo, la ansiedad y el estrés.

Generalmente no se necesitan estudios, excepto para los diagnósticos diferenciales o para descartar otras enfermedades.

La fibromialgia afecta a la mujer en una proporción de 20/1 respecto al hombre y puede manifestarse desde la niñez hasta en la ancianidad (mayor frecuencia entre las mujeres de 20 a 50 años de edad). También se puede encontrar en muchos pacientes que presentan otras enfermedades reumáticas como artritis reumatoidea, lupus eritematoso sistémico, síndrome de sjögren. En estos casos se denomina fibromialgia secundaria. No obstante, la fibromialgia también puede aparecer por sí sola.

Las mujeres que tienen a un familiar con fibromialgia tienen mayor predisposición a padecer de fibromialgia también (lo cual apoya la teoría del componente genético/hereditario, o al menos una influencia del mismo en su padecimiento).


Tratamiento

El tratamiento (atención terciaria), conducido por especialistas en reumatología, se basa en un programa de actividad física progresivo, corrección de las alteraciones del sueño, analgésicos, relajantes musculares, a veces antidepresivos, y fundamentalmente a través de la educación al paciente sobre la real trascendencia que, muchas veces por desconocida, genera un empeoramiento del cuadro. La fibromialgia no tiene cura, por lo cual, el tratamiento pretenderá reducir el dolor y los síntomas (y evitar síntomas secundarios) para mejorar la calidad de vida del paciente.

Debido a que el síndrome puede ponerse de manifiesto después de un cuadro de estrés afectivo, laboral, infeccioso o incluso luego de un accidente, es muy importante la actitud del paciente frente a la fibromialgia. Al ser una enfermedad no visible, muchas veces se torna muy difícil que las personas vinculadas al paciente comprendan el dolor generalizado que el mismo siente. Es importante que el paciente evite situaciones de estrés y no abandone sus actividades cotidianas en un marco de contención de las personas que lo rodean.